Comentario critico visual a la obra del artista nicaraguense Carlos Barberena de la Rocha
Nadie podrá ver en las obras de los artistas plásticos lo mismo que ve el pintor a través de sus sueños. Dicha aseveración se hace con la cautela que debe caracterizar cualquier extrapolación hecha en la periferia de la obra en sí. Esto lo sabemos quienes transitamos por la antigua ruta por donde se bifurcan los intereses connaturales al arte y a su circulación como bien social y económico. Para invocar un veterano prejuicio atinente a esto; una frase de Rafa Fernández ilustrativa al campo del ¨ valor ¨: ¨ cuando empecé a vender en miles de dólares me tildaron de artista comercial, ignorando que muchos otros pintores, francamente comerciales, no lo han logrado ¨.
¿Mas, porqué esta digresión para acercarse al trabajo de Barberena? Lo explicaré citando un comentario aparecido en el Nuevo Diario (versión Internet, 17 de Octubre 2000, Managua , Nicaragua, por Sergio Velázquez): La propuesta de Barberena de la Rocha, opta por la denuncia política, reeditando así un nuevo espíritu de la pintura libre, dejando atrás el ¨descrédito¨ de las históricas vanguardias locales, hoy decadentes y anestesiadas por el confort del laurel provinciano¨. Puedo imaginar que el texto fuera suscitado tras observar la muestra ¨ Años de Miedo ¨ realizada en la Galería Praxis de Managua (oct.2002). No obstante su reciente carrera artística (Carlos nace en Granada, Nicaragua, en 1972). Muchas de sus experiencias pictóricas están marcadas por su estancia en Costa Rica, en especial por las exposiciones colectivas de la Galería Sophia Wanamaker (Centro Cultural Costarricense – Norteaméricano) y los Festivales de Arte, la II y III Bienal ¨ Alas de Papel ¨, estas últimas realizadas en Canadá y España.
Años de Miedo por lo tanto no puede ser ajena al conflicto armado de su patria en aquellos primeros años, ni a la memoria histórica de una Centroamérica que ama y conoce desde sus entrañas. Por lo tanto, y volviendo al estado actual en que se encuentra su evolución gráfica; el lenguaje plástico de Barberena, ya de por sí, muestra una reelaboración estética de esos acontecimientos que signaron su historia.
Es irreverente, cáustico, con esa lucidez que le permite su juventud y su talento –por ahora- extraño a los intereses meta-económicos que exhiben algunos de sus contemporáneos...
Al revisar asimismo la torsión a que somete la figura humana, concordamos en reconsiderar la propuesta de Miguel Ángel del arte como ¨ cosa mental ¨. En efecto, veremos que sus imágenes antroporformicas, estructuradas de manera bipolar, casi asexual gravitan un universo de desolación y de silencio.
Quizás, con ese silencio que deja algo de sabor a nostalgia, de la que nos hablaba Shelley, y que por lo demás el pintor esgrime como un elemento lingual, neoexpresionista, símbolo de la presente incomunicación cibernética.
La rudeza de este lenguaje que a veces llega a metamorfosearse en una mecánica del horror, evidentemente responde al deliberado anhelo de someter las retinas del ¨otro¨ a ese mundo sellado y límbico que anida tras las bambalinas del poder y el éxito económico. Son los seres proteicos venidos a menos, que se asoman temerosamente a nuestro entorno y que talvez puedan alertar con su sigilosa sordidez nuestros sentidos adormecidos por el shock tecnológico al borde del holocausto final.
En la estética de Barberena parpadean también las estrellas tutelares de Munch, Duchamp, Kokoschka y quizás el último Picasso. Pero lo cierto es que su deuda con la tierra que lo vio nacer y; aún más con la sangre que ha sido derramada profusamente por quienes luchan por la libertad, tienen en él a un celoso exponente.
Aunque su arte tenga todavía mucho de experimental y su lenguaje no esté despojado de cierto manierismo expresionista, vemos en su evolución signos de evidente talento y suficiente fuerza como para sentirnos atraídos hacia sus nuevas propuestas.
Tendrá que vencer sí, numerosos trasgos y máquinas parlantes, solícitas sirenas(os) arrullarán con sus cantos los sueños del luchador que navega solo hacia las islas afortunadas, pero para quien sigue los caminos del corazón y preserva su mente inconturbable, lo que ansia rectamente llegará, en este o en cualquiera de los mundos posibles.
Rodolfo Cerdeño
Director Graffiti Internacional
Villa Albalonga, Laguna de Encinales,
Costa Rica, Verano 2001.